jueves, 22 de mayo de 2014

La "IZQUIERDA BOLIVARIANA" o "SOCIALISMO DEL SIGLO XXI" va ganando la Batalla en Latinoamérica / El Plan detrás del Caos en Venezuela



Santos, Zelaya y Maduro
LA IZQUIERDA POPULISTA VA GANANDO LA BATALLA EN LATINOAMÉRICA

Los demócratas de América Latina han perdido la batalla de las ideas frente a la izquierda populista y “bolivariana”

Los militares detenidos en Argentina, Colombia, Chile y Uruguay que, habiendo derrotado al comunismo que pretendían imponerles por la fuerzas las organizaciones terroristas financiadas por Cuba y también por la extinta Unión Soviética durante la Guerra Fría, ahora sufren el presidio, la condena al ostracismo y un lento pero inexorable exterminio debido a su avanzada edad. 

Por Ricardo Angoso
Enero 24 de 2014

Agazapados, avergonzados, divididos y derrotados políticamente, los demócratas de todo el continente han perdido la batalla de las ideas y han sucumbido ante el avance de la izquierda marxista más revanchista y vengativa, tramposa y fulera. Una suerte de gran coalición formada por ex terroristas, guerrilleros guevaristas que no se arrepienten de sus crímenes y descarados comunistas reconvertidos en “bolivarianos”, junto con algunos oportunistas de la peor especie, se han hecho con el poder en América Latina y hoy rigen los destinos de este continente.

En muy poco tiempo, una vez que la izquierda se haga con el poder en Panamá y haya el traspaso de poderes en Chile, apenas quedarán en esta zona del mundo gobiernos de centro o derecha. ¿Y cómo ha sido posible este cambio, cómo la izquierda reconvertida en supuestamente democrática se ha hecho con las riendas de nuestra América? Muy sencillo: los demócratas del continente no han sido capaces de dar la batalla de las ideas y reivindicar como suyos los valores y principios esenciales de lo que conocemos como las sociedades abiertas, caracterizadas por el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales, también sustentadas en la existencia de potentes sociedades civiles desde donde se ejerce la crítica responsable, se garantizan los derechos a la libertad de información y expresión y el juego político se realiza a través de procesos democráticos libres y realmente competitivos.

Resulta bochornoso como la mayor parte de los líderes del continente han caído en la trampa de tolerar lo intolerable. Ya nadie condena las violaciones de los derechos humanos en Cuba y Venezuela. Se tolera a países como Nicaragua, donde el sistema democrático se ha desvirtuado completamente, y asistimos a una deriva totalitaria preocupante de la mano de ese tahúr que es el presidente de ese país, Daniel Ortega. La Organización de Estados Americanos (OEA) se ha convertido en un mero cascarón vacío sin contenidos, ni efectividad, ni capacidad de arbitrar el caos populista y el auge del autoritarismo que se padece en el continente.

Incluso en la pasada crisis hondureña, allá por el año 2009, en que el gobierno legítimo de Roberto Micheletti fue estigmatizado por los burócratas de Washington y la diplomacia chavista, se llegó al paroxismo de que quienes defendían la legalidad democrática y habían sacado de la escena política al castrocomunista Mel Zelaya, fueron castigados por la comunidad de naciones latinoamericanas y condenados al ostracismo más severo. Hasta la CNN y el torpe inquilino de la Casa Blanca, junto con los demócratas del “imperio”, se aliaron con los Zelaya y compañía.

Militares presos, terroristas en la calle. Mención aparte merecen los militares detenidos en Argentina, Colombia, Chile y Uruguay que, habiendo derrotado al comunismo que pretendían imponerles por la fuerzas las organizaciones terroristas financiadas por Cuba y también por la extinta Unión Soviética durante la Guerra Fría, ahora sufren el presidio, la condena al ostracismo y un lento pero inexorable exterminio debido a su avanzada edad. Más de dos centenares de estos presos políticos víctimas de la vendetta de la izquierda -que nunca perdona ni busca la reconciliación sino cuando está totalmente derrotada-, ya han fallecido en la Argentina y otros mil más se pudren en las mazmorras kirchneristas. Qué ignominia, Dios mío.

Los antiguos Montoneros, que sembraron las calles argentinas de terror y sangre, muerte y violencia indiscriminada, hoy ocupan

Petición de notables para que se haga justicia en caso de Plazas Vaga
los despachos ministeriales y dictan sentencias, pero el juicio de la historia no se puede alterar: su proyecto político era convertir a la Argentina en una suerte de ergástula totalitaria al estilo de la isla-prisión de Cuba. Eran unos vulgares terroristas sin necesidad de buscar otros eufemismos para describirlos.

La paradoja es que mientras que aquellos que dieron la batalla contra la subversión, arriesgando sus vidas y las de sus familias, están en la cárcel, o ya muertos tras haber penado largas condenas, como fue el caso del general Jorge Rafael Videla, los antiguos terroristas, como el líder montonero Mario Firmenich, están en la calle. E incluso gozan del respeto y la impunidad que les fue concedida en su momento.

Una situación parecida a la de los presos argentinos, se vive en Uruguay y Chile, donde otros militares cumplen largas condenas en aras de una falsa búsqueda de la justicia. Por ejemplo, y como prueba de cómo los demócratas han olvidado la historia y han aceptado las tergiversaciones de los marxistas, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, se negó a conceder el indulto a estos héroes de la patria que evitaron que el país cayera en la trampa comunista y que los terroristas llegaran al poder. Piñera prefirió jugar a hacer lo más políticamente correcto de una forma infame y cobarde y cedió ante la vulgata marxista. Sin embargo, todavía no ha movido ni un dedo para detener a los asesinos del político centrista Jaime Guzmán, asesinado en 1990, que no casualmente residen en Cuba y gozan de la hospitalidad del régimen de La Habana. Como vemos, en esta América de nuestro tiempo la justicia es asimétrica.

Algo parecido ocurre en el Ecuador de Rafael Correa, que ya sueña con reelegirse mientras acaba con la libertad de prensa y ahoga la economía de mercado. Casos y situaciones parecidas se padecen también en Argentina, Bolivia y Nicaragua. La izquierda se reconvierte a través del Foro de Sao Paulo. El precio político de no haber dado la batalla de las ideas tendrá su coste en el largo plazo, volver al sentido común y a la democracia plena será un camino largo. Las instituciones políticas de Venezuela han sido destruidas, la democracia ya es meramente formal y se ha reducido a votar en unas elecciones fraudulentas cada x años, mientras la oposición democrática, a veces heroica, languidece. Maduro ha venido para quedarse por mucho tiempo, no será fácil apearle del poder.

La antigua izquierda comunista, reconvertida ahora en supuestamente demócrata tras su puesta al día en la “factoría” del Foro de Sao Paulo, se apresta a dominar en casi todo el continente bajo nuevos ropajes, pero siempre con las mismas ideas y dispuestas para quedarse ad eternum en el poder. Han cambiado sus modos, porque ya pasaron los tiempos de la vía armada y cayó el Muro de Berlín, pero sus objetivos siguen siendo los mismos.

Fuente:
http://www.periodismosinfronteras.org/la-izquierda-populista-va-ganando-la-batalla-en-latinoamerica.html
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El plan detrás del caos en Venezuela

“No hay peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes y bajo el calor de la justicia”.
Montesquieu
Los recientes acontecimientos de Venezuela son simplemente las primeras consecuencias de un siniestro plan que se ha expandido rauda e irreverentemente en Latinoamérica.
El eslógan propagandístico “Socialismo del Siglo XXI”, que intenta expresar vaguedades conceptuales muy convenientes a los maquiavélicos fines de la izquierda, ha servido como máscara del poco conocido pero nocivo Foro de San Pablo.
Chavez-y-CastroAnte la caída del muro de Berlín y la catástrofe soviética, que ya no tenía más opción que disolverse, Fidel Castro cayó en la cuenta de que se había quedado solo y financieramente perdido. Por tanto, decidió revivir los objetivos de la Conferencia de OLAS. Sabía que el mundo, momentáneamente, despreciaba al comunismo. Sin embargo, Latinoamérica era tierra fértil para esas malas ideas.
En 1967, en La Habana, OLAS reunió a toda la izquierda del continente para expresar firmemente que “…los pueblos latinoamericanos deben oponer una estrategia común revolucionaria, fundamentada en un profundo sentido de la solidaridad, dirigida a la toma del poder mediante la lucha armada”.
OLAS fracasó en los 70, pero eso no evitó que el siglo XXI la vea renacer en la ciudad de Sao Paulo de la mano de Luiz Inácio “Lula” da Silva y Fidel Castro.
Corría el año 1990 y el líder sindical brasilero (obediente al pedido del dictador cubano) reunió a toda la izquierda latinoamericana (movimientos, partidos políticos, grupos subversivos, guerrilleros, etc) en la ciudad de Sao Paulo. Allí, decidieron que la vía armada ya no era el camino, no porque creyesen en la democracia y la república, sino porque como estrategia política para la conquista del poder, resultaría sumamente impopular. Por lo tanto, acordaron que lo harían ganando elecciones. Esto era lo único que cambiaría, el objetivo que perseguían sería el mismo de siempre, “reconquistar en América Latina el imperio que se había perdido en Europa del Este” según palabras textuales del dictador Castro. Esto, en otros términos, sería la sovietización/cubanización del continente americano.
La crisis ética y moral de Latinoamérica, que ha guiado a sus ciudadanos a observar con beneplácito la corrupción obscena de los políticos por mucho tiempo, ha llevado a la izquierda del Foro de Sao Paulo a difundir un discurso de cambio, de renovación política y moral. Cada uno de ellos se adaptaría al contexto de sus países. Es por esto que Chávez negaría rotundamente, al igual que los Kirchner en Argentina, que ellos, bajo ningún punto de vista, tenían intenciones de cubanizar sus países.
Una vez en el poder, cada uno de ellos y en la medida de lo posible, tendría que cumplir con los pasos para que la revolución, tarde o temprano, se pudiera instalar. Lo primero y fundamental para que todo lo demás fuera posible era quitar el poder a las Fuerzas Armadas, al Poder Judicial, al Poder Legislativo, a la prensa libre, y finalmente, cambiar las Constituciones de cada uno de los países. O sea, destrozar de raíz la República, y con esto, el poder de los individuos.
Aunque parezca una locura, todo esto sucedió en gran parte del cono sur americano. Los países dónde más han avanzado en sus planes, por cuestiones de coyuntura, son Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela. No obstante, el poder del Foro de Sao Paulo llega a todos y cada uno de los países y su influencia no es menor, ni mucho menos, inofensiva.
Ante este panorama de peligro para las libertades individuales en gran escala, la acción del mundo libre ha sido prácticamente nula.
La Alianza del Pacífico promete generar un contrapeso a quienes pretenden cubanizar el continente. Un contrapeso que, ciertamente, no inclina la balanza de manera contundente a favor de la libertad y de los pueblos rehenes del Socialismo del Siglo XXI.
Los líderes del mundo libre, sobre todo de Estados Unidos de América, no han sido nunca claros al momento de expresar las dimensiones preocupantes que el Foro de Sao Paulo podría alcanzar. Parecen no advertir que el objetivo final es alcanzar la próspera y civilizada Norteamérica, hundiendo previamente el continente entero en la penumbra.

Mientras los venezolanos de bien enfrentan valientemente a un dictador que los amedrenta a punta de pistola y  los mata sin piedad, el secretario de Estado, John Kerry y el presidente, Barack Obama, han hecho declaraciones propias de líderes moderados del tercer mundo con respecto al conflicto.
Los tiempos se acortan y el triunfo de la libertad en Venezuela es fundamental. Si Maduro se sale con la suya, la represión y la concentración de poder en dictadores con aspiraciones tiránicas que hoy gobiernan bajo el lema de Socialismo del Siglo XXI, nos llevará a un peligroso escenario dónde narcotráfico, guerrillas y poder absoluto serán el cóctel perfecto para instalar el peso titánico del Estado, en su peor versión y respaldado por la peor de las ideas que el mundo haya conocido.
Es fundamental que los países alineados en la defensa de la libertad apoyen de manera irrestricta al pueblo venezolano y den a conocer al mundo que en Latinoamérica, el verdadero intruso, conspirador e invasor es Fidel Castro y su ambición desmedida por someter la libertad a sus caprichos tiránicos de convertirnos en la Unión de Repúblicas Socialistas Sudamericanas.

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