jueves, 1 de agosto de 2013

"El Mundo NO Está en Venta" - Amigos de la Tierra


Tatiana Roa (Colombia), Juan Francisco Santos (Cuba),
Dave Hirsch (EE.UU.) y Marco von Borstel (México).
17 Mayo 2013
Amigos de la Tierra, la más grande red de ecologistas, los reunió en Bogotá
"El mundo no está en venta"

Activistas de Colombia, Cuba, EE.UU. y México creen que sólo siendo radicales pueden poner a tambalear a los estados que han dejado a un lado a sus minorías.


por Angélica María Cuevas Guarnizo

Los cuatro hacen parte de Amigos de la Tierra, la red ambientalista más grande del mundo, que concentra a unos dos millones de defensores de las luchas populares en 74 países. Exigen que los indígenas, los negros y los campesinos tengan agua limpia y territorio propio, trabajan por la defensa de la cultura, se oponen a las grandes compañías que, para ellos, se enriquecen por cuenta de los recursos ajenos, declaran al capitalismo su principal enemigo. No les molesta que los denominen radicales, creen que sólo un discurso que busque un cambio de raíz puede poner a tambalear a los estados que se olvidaron a sus minorías.


Los cuatro llegaron a Bogotá a participar en la asamblea anual de su organización: Tatiana Roa, por Colombia; Juan Francisco Santos, por Cuba; Marco von Borstel, de México, y Dave Hirsch, miembro del secretariado de Amigos de la Tierra, quien llegó desde EE.UU, y aceptaron la invitación de El Espectador para sentarse a conversar sobre su papel como activistas.


¿Cuáles son las luchas populares que se están gestando en sus países?
Tatiana Roa: en Colombia se centran en la defensa del territorio y del agua, esenciales para la vida. Las protestas en contra de las represas o la minería y en defensa de los páramos amenazados o los valles que serán inundados, son el mejor ejemplo.

Juan F. Santos: aunque Cuba es un país políticamente distinto, compartimos movilizaciones frente a la defensa de los ríos contaminados, la pérdida de la biodiversidad y la erosión de los suelos.

Marco von Borstel: el caso mexicano es similar al de Colombia. También estamos enfocados en que se valide el artículo 169 de la OIT, que busca que las comunidades en donde se van a desarrollar grandes proyectos sean consultadas y que se respete su consentimiento libre, previo e informado.

Dave Hirsch: nuestra principal lucha como organización internacional es contra el sistema económico capitalista, al que responsabilizamos de todas las problemáticas ambientales que existen.

Ante las protestas contra sus megaproyectos, las empresas dicen que no violan los términos pactados con los estados. Entonces, ¿habría que protestar contra un Estado permisivo y no contra las empresas?

T.R.: algunas organizaciones se han enfocado en desenmascarar el poder que ejercen las transnacionales dentro del Estado. Gobiernos que enfocan sus políticas en beneficio de las compañías. Pero también hay otros activistas que consideran que es deber del Estado garantizar sus derechos, por lo que concentran su lucha en exigirlos.

M.V.B.: depende de los proyectos a los que nos opongamos. En México, cuando el Estado construye represas, la lucha es contra los políticos, y cuando las levantan los privados, la lucha es contra la empresa. Ahora que las corporaciones tienen un poder que supera a los estados, hay que elevar nuestra protesta a un nivel transnacional. No sirve de nada sacar una minera de México para enviarla a Guatemala.

D.H.: en el sistema económico, las empresas y el Estado son cómplices y van mano con mano. Luchamos contra los dos, en conjunto.

Entonces, ¿cuál es el modelo de desarrollo que ustedes defienden?
J.F.S.: los modelos de desarrollo apropiados son los que deberían resultar de las necesidades de las mismas comunidades. No hay un solo concepto, y los que surjan no deben parecerse en nada a lo que venimos haciendo.

T.R.: creemos que el desarrollo nos lo han vendido como un discurso que parte desde sectores hegemónicos, que volvieron subdesarrollado el mundo campesino, indígena y afro, desconociendo la relación de estos grupos con la naturaleza. Para nosotros no hay un solo modelo de desarrollo, sino que hay que entender que en esa relación cultura-naturaleza es posible levantar un mundo con muchos mundos.

D.H.: estoy de acuerdo con Tatiana. Su concepto es universal para Amigos de la Tierra.

M.V.B.: la construcción de estos modelos de desarrollo desde las comunidades debe encaminarse hacia la sustentabilidad, hacia la protección del medio ambiente y la salud de las personas.

¿Están en contra de cualquier iniciativa privada? ¿Tienen una relación irreconciliable con los empresarios?

T.R.: el ambientalismo no sólo se oye radical sino que es radical, porque sólo de esta manera sacude al discurso dominante sobre el que se ha venido construyendo el mundo. Y los intereses privados se han antepuesto a los de las mayorías; la lucha contra ellos es fuerte porque han vuelto mercancía el agua, la energía y el alimento, elementos sagrados y fundamentales para las personas.

M.V.B.: es que no podemos permitir la privatización de la naturaleza (como en el caso de los bonos de carbono). No nos oponemos a las propuestas sustentables privadas que surgen desde los pueblos. No se trata de “no producir”, sino del respeto por la vida y la naturaleza. No a la homogeneización.

D.H.: nuestro eslogan es “El mundo no está en venta”, y a las corporaciones esta oposición les genera terror. Porque somos quienes no quieren permitir que ellos vendan la cultura, la comida y la vida misma.

acuevas@elespectador.com
Por: Angélica MaríaCuevas Guarnizo

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