lunes, 10 de septiembre de 2012

VACUNA PAPILOMA HUMANO: 119 MUERTES Y 26.564 CASOS CON REACCIONES ADVERSAS



VACUNA PAPILOMA HUMANO: 119 MUERTES Y 26.564 CASOS CON REACCIONES ADVERSAS

ANDREA, UN NUEVA NIÑA EN COMA TRAS SER VACUNADA CONTRA EL PAPILOMA

por Miguel Jara

La autoridad pública en farmacovigilancia de vacunas de Estados Unidos ya tienen notificadas 119 muertes y 26.564 casos de reacciones adversas de personas que recibieron la vacuna del papiloma


¿AMAS A TUS HIJAS? ¡NO LAS VACUNES!
Siguen cayendo nuevas víctimas inocentes por todo el planeta, niños indefensos condenados bajo el yugo de la mafiosa industria farmacéutica y su multimillonario negocio basado en crear y fomentar la enfermedad.

Continúa imparable este atentado médico-farmacéutico contra la humanidad por parte de gobiernos y políticos vendidos en connivencia con el silencio de los medios de comunicación, periodistas y científicos bien pagados.

Los padres también son cómplices por no informarse y poner freno a esta mafia sin escrúpulos que condena sus vidas y la de sus niños. Tu hija puede ser la próxima...

ANDREA
Andrea es asmática pero nunca había tenido crisis tan serias como las ocurridas tras vacunarse con la vacuna del Virus del Papiloma Humano (VPH). Seis días después de recibir la primera dosis, presentó unos síntomas similares a los que habían padecido otras jóvenes al ser vacunadas: dolores de cabeza intensos e incapacitantes, molestias gástricas, incapacidad para ponerse en pie, etc. Todo ello, acompañado de una crisis aguda de asma, por lo que tuvo que acudir al servicio de urgencias de Gijón donde lograron estabilizarla. Los padres de la joven comunicaron en el hospital que le habían puesto la vacuna del papiloma hacía unos días.

A pesar de todo ello, Andrea recibió la segunda dosis el 23 de agosto por la mañana y esa misma tarde presentó los mismos síntomas que tras la primera dosis aunque en esta ocasión con un agravamiento de la dificultad respiratoria. Ante esta situación, los padres solicitaron ayuda médica urgente. A pesar de su insistencia, la ambulancia nunca llegó, tan sólo un coche de policía que trasladó a la joven al hospital.

Cuando Andrea ingresó estaba en parada cardio-respiratoria y aunque lograron reanimarla no lo lograron por lo que le indujeron un coma. El 31 de agosto, al quitarle el tubo del respirador, los médicos constataron que la niña no podía respirar espontáneamente. Ahora sus padres, ante esta gravísima situación se ven obligados a tener que decidir entre mantener a su hija conectada a una máquina o dejar que la naturaleza siga su curso.


Desde la Asociación de Afectadas por la Vacuna del Papiloma (AAVP) se preguntan:
“...cuántas víctimas son necesarias para que las instituciones sanitarias reconsideren el balance riesgo/beneficio de la vacuna, máxime considerando que se administra a niñas y jóvenes sanas, que la vacuna no es imprescindible porque se dispone de otras medidas preventivas que no pueden abandonarse en la población vacunada y que la verdadera eficacia ni seguridad de la vacuna no ha sido todavía demostrada en poblaciones reales. Por desgracia, la lamentable situación por la que Andrea y su familia están atravesando podría haberse evitado si los responsables políticos y sanitarios hubieran actuado con la debida diligencia y cautela. Avisos no han faltado...“.

Desde aquí damos ánimos a los progenitores pues conocemos casos de afectadas que, aunque lentamente, han conseguido mejorar.
Comentar también que esas autoridades políticas y sanitarias están cometiendo dejadez de sus funciones que han de encaminarse a velar por la salud pública y más pronto que tarde deberán asumir sus responsabilidades.

No quiero terminar sin expresar mi preocupación por la actitud de la “clase periodística” con este asunto. La anterior noticia escandalosa sobre esta vacuna data de hace tres días, cuando publiqué que se ha descubierto ADN del VPH en una joven que murió tras la vacunación con este producto, que en el mundo fabrican dos compañías, GlaxoSmithKliney Merck & Co. Pero casi ningún periodista se hace eco de este tipo de noticias, aunque abundan aquellas que son mera promoción de la vacuna. Tan es así que cuando Alicia, la coordinadora de la AAVP, me contó este caso hace dos días y me pidió cautela hasta obtener el consentimiento de los padres de la chica para publicarlo no me molesté, como hago en otras ocasiones, en pedirle ser el primero en poder dar la noticia. No es necesario, pese a que envían a multitud de periodistas sus comunicados estos no suelen ser recogidos por la “gran prensa” y menos por la especializada.

Tomado de: http://narom.org/
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Médicos contra la campaña del virus del papiloma humano 

Las críticas a la vacunación sistemática de las niñas con la vacuna del papiloma humano no parten sólo de asociaciones de ciudadanos como esta presentación, ni de médicos alternativos, o “esos radicales anti-vacunalistas”.
Muchos médicos alopáticos desde dentro del Sistema también han alzado la voz contra las prisas y la realización de la campaña. La asociación científica Centre d”Anàlisis i Programes Sanitaris (CAPS) ha recogido en una campaña en Internet más de 8.000 firmas, con una gran representación de la profesión médica, para pedir al Ministerio de Sanidad y Consumo una moratoria en la aplicación de esta vacuna. Los motivos son estos:
  • Los ensayos han sido cortos
  • Efectividad no demostrada
  • Ausencia de suficiente evidencia científica
  • La enfermedad presenta una baja incidencia. En España, la mortalidad por cáncer de cuello de útero es de menos de dos mujeres por cada cien mil.
  • Alto precio que no justifica una inversión de tal magnitud
  • Descarada campaña de publicidad exagerando el riesgo
  • El cáncer de cuello de útero está asociado a la falta de higiene y a la pobreza. El país que muestra la mayor incidencia es Haití, el más pobre del mundo.
De momento, no les han hecho caso, pero estos son los argumentos de algunos de los críticos, catedráticos de Medicina e investigadores, en un artículo titulado: “Razones para no decidir con prisas“en El País.
Recientemente, el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (SNS) ha dado luz verde a la inclusión en el calendario vacunal en España, con cargo al sistema sanitario público, de la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH). Esta decisión se ha tomado a pesar del alto precio de las dosis y de las dudas más que razonables sobre su eventual capacidad y eficiencia para prevenir un número sanitariamente relevante de muertes por cáncer de cérvix en mujeres españolas comparado con las actuales prácticas preventivas.
Si la vacuna se aplicara a partir del año que viene supondría sólo en costos de compra del producto (464,58 euros por persona) -sin tener en cuenta el aparato logístico que deberá desarrollarse ex novo para alcanzar una cobertura significativa en cada cohorte de niñas- en torno a unos 125 millones de euros anuales. Para cuando se empiecen a prevenir los primeros casos de cáncer de cuello uterino, dentro de al menos 30 años, el SNS se habrá gastado unos 4.000 millones de euros.
Prevenir una sola muerte por cáncer de cérvix entonces habrá costado al SNS ocho millones de euros, sin ahorrar un solo euro en el dispositivo actual dedetección precoz por citología y tratamiento, pues se recomienda seguir desarrollando estas prácticas aun en poblaciones vacunadas.
Lo abultado de las cifras arroja serias dudas sobre el coste oportunidad de la medida. Con esta cuantiosa inversión, ¿cuántas otras iniciativas en prevención o atención sanitaria se podrían hacer y no se harán? ¿Qué se dejará de hacer de lo que ya se hace, para nivelar los presupuestos?
Los altísimos costes de la vacunación, atacan a la sostenibilidad financiera no sólo del calendario vacunal español, sino de todo el sistema de servicios de salud publica. Sin embargo, el coste no es el único problema grave: la vacuna del VPH ha sido promocionada ante la opinión pública, los sanitarios y los decisores políticos como una vacuna eficaz en la prevención del cáncer de cuello uterino y el sufrimiento que acarrea en las mujeres, cuando esto no es cierto. Sencillamente, esta evidencia científica aún no existe.
Los ensayos sobre la vacuna no han podido ver su efecto en la prevención del cáncer, ya que éste tarda mucho en desarrollarse; además, hay posibilidades reales, comprobadas, de cortar el proceso antes de que el cáncer se desarrolle, tanto mediante la inmunidad natural como con el cribado de lesiones precancerosas y su tratamiento. El ensayo que más tiempo de seguimiento ha tenido hasta ahora ha sido de seis años (y es un ensayo de fase II) y el ensayo en fase III con mayor seguimiento hasta ahora tiene tan sólo tres años. Dado que el cáncer que se pretende prevenir tarda 30, 50 o más años en desarrollarse, la brevedad de los ensayos es obvia. Por tanto, hará falta aún bastante tiempo para ver si las personas vacunadas en los ensayos clínicos desarrollan o no menos cánceres que las no vacunadas. En países como España, con una incidencia del problema tan baja, esperar debería ser la conducta lógica.
Ciertamente, con la información disponible es razonable esperar que la vacuna acabe demostrando dentro de años que previene algunos cánceres de cuello uterino. Sin embargo, hay que tener en cuenta los siguientes otros factores: la historia natural de la enfermedad (de evolución lenta), la efectividad de los programas de cribado (alta si el sistema cumple con sus obligaciones), que la vacuna no es efectiva contra todos los serotipos cancerígenos y que España es un país con baja incidencia de cáncer de cérvix. Por todo ello, es probable que en nuestro país el número de cánceres prevenidos no será muy grande.
También se han planteado objeciones razonables relacionadas con la duración de inmunogenicidad -aún no se sabe si serán necesarias dosis de recuerdo o no-, y sobre el comportamiento de los serotipos no incluidos en la vacuna, que quizá ocupen el nicho ecológico de los ahora incluidos. Hay ejemplos recientes de las consecuencias del uso de la vacuna neumocócica sobre la aparición de serotipos no cubiertos con la vacuna que son multirresistentes a los antibióticos y que causan enfermedad neumocócica invasiva.
Ante esta situación de utilidad aún no demostrada, altos costes para el SNS yprevalencia baja, la decisión más racional sería, y es, esperar a que se acumule más evidencia científica.
¿Cómo podemos explicarnos que el SNS no tome la decisión más racional posible cuando se trata de defender el bien público? Obviamente, la industria farmacéutica y especialmente las compañías promotoras llevan años desarrollando estrategias de cooptación y creación de un clima de opinión favorable, exagerando riesgos con el fin de convencernos, primero, de que existía un problema, y de que luego, ellos precisamente tenían la solución.
Las estrategias de disease mongering -invención o exageración de enfermedades para introducir luego un producto farmacéutico- han sido criticadas duramente y con toda razón desde la deontología publicitaria, por el abuso de la buena fe y de la aspiración a no sufrir enfermedades que naturalmente tiene la población y los políticos, a menudo, legos en cuestiones sanitarias. El caso que nos ocupa supone la consideración novedosa, muy grave, de que toda infección por VPH es una enfermedad a prevenir, lo que es falso, y, además, con el énfasis, sin duda interesado en la (no demostrada) prevención del cáncer de cérvix en España.
La industria farmacéutica tiene legítimos intereses financieros, pero no todos ni siempre están en sintonía con las necesidades de salud de la población. El escándalo reciente de la terapia hormonal sustitutoria, y la evidencia de que la industria escondió a la opinión pública durante 30 años graves efectos secundarios del tratamiento de una enfermedad previamente inventada, no coloca a este sector en una situación de gran credibilidad pública como garante de nuestra salud.
Por todo lo anterior, los firmantes de este texto pedimos al Ministerio de Sanidad y Consumo y a las consejerías de Salud de las comunidades autónomas una moratoria en la aplicación de la vacuna del VPH. Nadie ha justificado que haya prisa para la aplicación de este nuevo programa; por ello, solicitamos abrir un periodo de reflexión, de seguimiento de los efectos de la vacuna en poblaciones reales y de realización de estudios para conocer el coste-efectividad a medida que haya nuevos datos. Todo ello permitirá solventar las dudas razonables que existen sobre la idoneidad de este programa de vacunación para España.
Carlos Álvarez-Dardet, catedrático de Salud Pública Universidad de Alicante, Director del Journal of Epidemiology and Community Health. Soledad Márquez Calderón, investigadora, Fundación Instituto de Investigación en Servicios de Salud, Sevilla. Beatriz González López-Valcárcel, catedrática de Economía Aplicada Universidad de las Palmas de Gran Canaria. Lucía Artazcoz, investigadora, Centro de Análisis y Programas Sanitarios. Leonor Taboada, periodista Directora de Mujeres y Salud. Ildefonso Hernandez-Aguado, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universidad Miguel Hernández. Miquel Porta, catedrático de Salud Pública, Instituto Municipal de Investigación Médica y Universidad Autónoma de Barcelona

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