sábado, 6 de agosto de 2011

La Amazonía Colombiana: memoria viva de la Extinción Indígena



Jueves 04 de noviembre de 2010

La Amazonía Colombiana: memoria viva de la Extinción Indígena
En Colombia, según el registro de la Organización Nacional Indígena de Colombia-ONIC, un tercio de los pueblos indígenas (32) están compuestos por menos de quinientas personas, y la quinta parte del total se encuentra “en alto riesgo de desaparición física y cultural”, en tanto víctimas de un etnocidio sistemático , la mayoría de ellos ubicados en la región amazónica y orinoquense. En este contexto la tercera parte de los PPII se encuentran en proceso de desaparición, situación de extrema vulnerabilidad que fue advertida en el 2004 por Rodolfo Stavenhagen, Relator Especial de Naciones Unidas para Pueblos Indígenas y Tribales, y constatada en el 2009 por James Anaya, actual Relator Especial de Naciones Unidas para Pueblos Indígenas y Tribales.

Un estudio reciente señala que de los cuatro millones de indígenas existentes entre 1535 y 1540, sólo quedaron alrededor de seiscientos mil en 1762 , con un moderado crecimiento posterior hasta mediados del siglo XIX, cuando se radicalizaron innumerables guerras civiles. Para este periodo la población colombiana no superó los 2.200.000 habitantes y se estima que la población indígena superaba el 25% del total.


En esta región se registra un mosaico diverso de enorme complejidad cultural, allí se encuentra el mayor número de resguardos indígenas titulados del país y en ellos está asentado el mayor número de pueblos (54), que conviven pacíficamente en la extensión selvática y cálida más grande de Colombia. La región amazónica-orinoquense se caracteriza por una profunda diversidad ecológica y territorial: su extensión es de 24,7 millones de hectáreas tituladas (79% del territorio indígena nacional y 33% de la superficie del país), cuya vocación es forestal y no es apta para la producción agropecuaria. De estas, el 10% se encuentra en el pie-de-monte andino, el cual ha sido colonizado y fuertemente deforestado. El 90% restante es un área de selva y sabana con bosques bien preservados.

Está conformada por 7 Departamentos (Amazonas, Vaupés, Guainía Putumayo, Caquetá, Guaviare y Vichada) que concentran a 127.872 habitantes, dispersos en más de 800 asentamientos indígenas, distribuidos sobre los grandes ríos de la región: Guaviare, Vaupés, Putumayo y el Caquetá y sus afluentes, y sobre los principales centros urbanos de estos departamentos o alrededor de ellos: Florencia, Mocoa, Puerto Asís, San José del Guaviare, Puerto Inírida, Mitú y Leticia. Poblados considerados en su mayoría como enclaves de población mestiza.

No obstante lo anterior, y aunque la densidad demográfica no supera los 4 habitantes por km, 2 debido al aislamiento geográfico, hoy constituyen los departamentos con mayor porcentaje de población indígena: Vaupés (66,65%), Guainía (64,90%), Vichada (44,35%) y Amazonas (43,43%). Estos PPII conservan un alto grado de autonomía económica y cultural, que les ha permitido mantener formas tradicionales de subsistencia, basadas en la horticultura, la pesca, la caza y la recolección de productos del bosque.

Se trata de una sociedad indígena multiétnica que pese a los impactos de la colonización externa e interna, ha preservado buena parte de sus cosmovisiones, usos, rituales y costumbres. Es una colectividad fuertemente jerarquizada (de acuerdo con relaciones exogámicas de parentesco), que mantiene redes de intercambio en diferentes escalas territoriales, con distintos grados de especialización en el manejo de sus ecosistemas, “siguiendo pautas que se aplican tanto a la escala de las relaciones interétnicas como al interior de cada etnia y de sus respectivos segmentos”.

La institucionalidad estatal se concentra en los pocos centros urbanos, por lo general capitales de departamento, y a causa de la debilidad estructural, su funcionamiento no ha logrado articular los territorios rurales donde habita la población indígena. De allí la importancia de las Asociaciones de Autoridades Tradicionales Indígenas (AATI) - que administran los Resguardos y Territorios ancestrales, supliendo el déficit de gobernabilidad estatal. En la actualidad parte de su dirigencia a nivel nacional es representada por la OPIAC, y participa de la Mesa Regional Amazónica, la que está a cargo de la Secretaría Técnica.

Es una región que ha sido objeto de diversos procesos de colonización desde el siglo XVI. Los impactos más fuertes se han dado durante el último siglo con la extracción de caucho (1900-1940) y el esclavizamiento, exterminio y destierro de miles de indígenas. Este proceso de reducción al mínimo de diversos pueblos se aceleró con las campañas evangelizadoras de la Misión De Nuevas Tribus en el departamento de Guainía y de la Iglesia Católica de Colombia en el departamento del Vaupés.

Entre 1948 y 1970, la región se convirtió en zona de refugio para muchos campesinos que fueron desterrados de la región andina, por causa de la violencia sociopolítica. En la década del 70, especialmente sobre la región del Piedemonte andino del Putumayo se produjo una reducción significativa del territorio ancestral, debido a una política gubernamental que favoreció a las compañías petroleras: “Muchos pueblos a los que el Estado había adjudicado predios bajo la figura legal de Reservas Indígenas, perdieron sus tierras ancestrales por la colonización auspiciada para la explotación del petróleo” . Desde la década de los 80 hasta hoy la intensificación de la explotación petrolífera, aurífera, maderera y la llegada de los cultivos de uso ilícito a la región, generaron nuevas olas de colonización espontánea y dirigida, contribuyendo a la creciente pérdida territorial de los pueblos indígenas y al desmejoramiento de sus condiciones de vida.

Actualmente, es escenario del conflicto armado entre paramilitares, fuerzas pública, guerrillas, narcotraficantes, terratenientes, empresas fumigadoras, empresas extractoras de recursos naturales y agentes de desarrollo económico nacionales y transnacionales. Esta situación tiene amenazada la existencia misma de pueblos indígenas en distintos lugares de la región. Por causa de ello, hoy se registra el control excesivo de las comunidades por parte de los agentes de violencia, e incluso, la militarización de muchos territorios indígenas, lo que ha alterado drásticamente la vida cotidiana, las relaciones familiares, los roles de género y edad, tanto como las cosmovisiones de los pueblos donde están establecidas.

Como lo enunciamos en principio, hay en la actualidad 32 pueblos que tienen menos de quinientas personas, entre ellos el pueblo Nukák Makú, del que sólo quedan cuatrocientas cincuenta, pues el 75% de sus miembros ha muerto en las dos últimas décadas. Otros 18 pueblos apenas alcanzan los doscientos miembros, como es el caso del pueblo Yurí o Aroje (nómada y en aislamiento voluntario), que habita las cabeceras del río Puré al suroccidente del departamento del Amazonas, dentro del recién creado Parque Nacional Natural Río Puré. Hay 5 pueblos que sólo acercan al medio centenar de habitantes, entre ellos: el pueblo Yujú del bajo Apaporis, municipio de Taraira en el departamento del Vaupés, frontera con Brasil; y el pueblo Wachina del Vaupés, golpeado por las Farc. Existen otros cinco cuyos miembros se pueden contar con los dedos de una mano: (1.) Pueblo Makaguaje del Caquetá, (2) el pueblo Yauna al occidente del departamento del Amazonas, en las cabeceras del río Mirití Paraná; (3.) Pueblo Kabiyari; (4.) el pueblo Miraña-Bora del Vaupés, sobre el Río Quinché.

Además de los anteriores, la ONIC presenta una breve descripción de la situación de los pueblos que considera que están en riesgo inminente de extinción, todos asentados en la Amazonia:

1. Pueblo Masiguare: Este pueblo se ubica en la zona de San José del Ariporo, su población es de aproximadamente 450 personas.

2. Pueblo Cuiba: Se ubican en el extremo oriental del departamento de Casanare y conviven con otros Pueblos Indígenas en el Resguardo Caño Mochuelo. Ocupan las orillas de los ríos y los bosques de galerías, su población es aproximadamente de 2.500 personas.

3. Pueblo Yamalero: Conformado por 300 personas. Se han presentado conflictos con el pueblo Yaruro (saqueo y muerte). Sufren brotes de diarrea, enfermedades dermatológicas y altos niveles de desnutrición en mujeres y niños. Poseen graves problemas de autoridad y gobierno propio, pues no cuentan con autoridades tradicionales y sus dirigentes son jóvenes. No poseen condiciones de seguridad ni soberanía alimentaria. No pescan, cazan, no recolectan. No hay escuela, ni profesores.

4. Pueblo Amorúa: Este pueblo está asentado en las orillas de los ríos Meta y Orinoco. La comunidad que habita este lugar está integrado por 134 personas. Otros Amorúa viven en el departamento Vichada; tienen problemáticas de salud, educación y Seguridad Alimentaria. Se evidencian pérdidas en la cultura, en saberes ancestrales, de medicina tradicional, de gobierno y justicia propia.

5. Pueblo Tsiripu: Localizados en la confluencia del río Casanare y el río Meta, es la única parte donde se tiene conocimiento que existen; es un Pueblo que está prácticamente en vía de extinción, en estos momentos solo subsisten 70 personas y la situación de seguridad alimentaria y de salubridad es supremamente preocupante. Tienen problemas de salud, educación, seguridad alimentaria, así como pérdidas de su cultura y sus tradiciones.

6. Pueblo Wipiwi: La comunidad se encuentra conformada por 84 personas, no posee condiciones de seguridad alimentaria para sostenerse, por lo cual presentan graves niveles de desnutrición, hambre y pobreza. No poseen viviendas, vestuario, ni artefactos para el desarrollo de sus actividades cotidianas. Existen graves enfermedades entre sus integrantes como la tuberculosis y paludismo, así como enfermedades dermatológicas en mujeres y niños. Aunque conservan su lengua, sus autoridades tradicionales se han debilitado, han perdido sus saberes ancestrales en torno a la medicina, al manejo ambiental y a desarrollos culturales.

7. Pueblo Sáliba: El Pueblo Sáliba se encuentra disperso a lo largo de la margen izquierda del río Meta. Tiene una población aproximada de 3.000 personas en total. Sin embargo, los que habitan en el Resguardo de Caño Mochuelo, tienen problemas de seguridad alimentaria, salud, educación y producción sostenible; asimismo esta comunidad Sáliba se ha aislado de las otras comunidades de su pueblo que habitan en el Municipio de Orocue (Casanare). La población estimada en el resguardo caño mochuelo es de unas 300 personas.

8. Pueblo Sikuani: Está ubicado a lo largo y ancho de los llanos Orientales de Colombia. Su población es de aproximadamente 45.000 personas. La comunidad de Getsemaní del Resguardo Caño Mochuelo, donde habitan los Sikuani, es la única comunidad que tiene una mediana estabilidad socio-económica y por su cercanía al municipio de Cravo Norte – Arauca tiene acceso a los servicios de educación, (hay escuela y un colegio), salud (existe un médico y auxiliares de enfermería); sin embargo la situación de estabilización socio económica gira en gran parte alrededor de la pesca, ya que en temporadas de invierno los conucos (chagras) son inundados por los ríos meta y paz de ariporo.

9. Pueblo Yaruro: Ubicado en los municipios de Hato Corozal y Paz de Ariporo (Casanare), su población se estima en 94 personas.

En síntesis, los pueblos indígenas de la Amazonía colombiana han tenido una experiencia histórica muy amarga en el contacto con la sociedad no indígena, desde la llegada de la esclavización en el siglo XVII, hasta la dolorosa explotación cauchera, que funcionó desde finales del siglo XIX hasta la década de los 40, y en la actualidad con el conflicto armado y la explotación indiscriminada de sus territorios ancestrales. Situación que ha forzado el exterminio de muchos pueblos y la reducción al mínimo de otros tantos.

Fuente: http://diegohenao.blogspot.com/2010/11/la-amazonia-colombiana-memor...

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