El mundo ha cambiado. Ya raya el alba del año 2.000. El autóctono del Asia, del Africa y de Indoamérica ya no es el “indígena-natural” del siglo XVI; cuyo ser, como parte de la especie humana, negó primero, puso en duda después el Occidente. Aquel ser negado y dudado se ha hecho hombre. Y reclama no sólo sus DERECHOS HUMANOS, sino —y esto es lo mejor— se ha propuesto cambiar la ruta de la humanidad, para, superando la alienación denunciada por Marx, hacer del ser humano un “hombre nuevo”.
El mundo ha cambiado. Europa está cercada por sus esclavos de ayer. Estados Unidos está en guerra con Vietnam. El odio del Africa, el Asia e Indoamérica hierve contra Norteamérica. Quisieran los negros, los amarillos y los indios tener veneno en los ojos contra el imperialismo yanqui.
El indio de Bolivia no puede dejar pasar, la crisis mortal que padece el Occidente. Tiene que aprovechar. Pero no para salvar a su enemigo. Esta crisis tiene que aprovechar para liberarse. La Revolución india es una lógica irrebatible en el terreno de las ideas y en la fenomenología de los hechos. La Revolución india estallará como una ley natural; ¡fatalmente!










