domingo, 9 de marzo de 2014

Sobre Animales y Seres Humanos...


Sobre animales y seres humanos

Autor: Paula Cristina Mira Bohórquez: Profesora del Instituto de Filosofía. Universidad de Antioquia
Marzo 6, 2013

La verdadera bondad del hombre solo puede manifestarse con absoluta limpieza y libertad en relación con quien no representa fuerza alguna. La verdadera prueba de la moralidad de la humanidad, la más honda (situada a tal profundidad que escapa a nuestra percepción), radica en su relación con aquellos que están a su merced: los animales. Y aquí fue donde se produjo la debacle fundamental del hombre, tan fundamental que de ella se derivan todas las demás.
Milan Kundera, La insoportable levedad del ser


Hagamos un experimento: imaginemos que un grupo de marcianos de un alto grado de inteligencia llega a la tierra y observa nuestras costumbres; ven cómo no dudamos en infligir un enorme sufrimiento a millones de seres para los más diversos fines; ven cómo, por ejemplo, encerramos a muchos de estos seres durante toda su vida, los hacemos enfermar, probamos en ellos medicamentos y procedimientos, nunca les permitimos convivir con miembros de su especie y luego los abandonamos a la más dolorosa muerte.
Este grupo de marcianos ve además que nuestra justificación para hacer todo esto es que podemos, pues todos estos seres o no son inteligentes o son menos inteligentes que nosotros. Ahora imaginemos que, basados en estas observaciones, el grupo de marcianos decide tomar a todos nuestros bebés, los seres humanos con retardo severo o en coma irreversible, y deciden confinarlos en laboratorios, enfermarlos y probar en ello dolorosos procedimientos. Ante nuestra indignación y protesta, la respuesta de los marcianos sería que pueden hacerlo porque estos seres o no son inteligentes o son menos inteligentes que ellos y que nosotros ¿Qué podríamos responder a eso?1 

Si nuestra respuesta es que el sufrimiento de todos estos seres importa más porque son humanos, entonces debemos estar conscientes de que estamos aceptando que hay un dolor que importa (el de los humanos) y uno que no (el de los animales), y de que para tomar esta posición tenemos que poder dar razones que todo ser racional aceptaría. ¿Tenemos estas razones?
Cuando nos preguntamos por el papel de la moral y de la ética en nuestras vidas, solemos pensar que esta es una cuestión religiosa o que se trata solo de cuestiones que tienen que ver con el sexo; la moral expresa, en realidad, la forma en cómo nos ponemos de acuerdo para convivir y en cómo consideramos correcto tratar a los demás y ser tratados. Las reflexiones éticas, de otro lado, nos permiten discutir con todas aquellas morales que consideramos injustas o discriminatorias. Los movimientos de liberación que dieron como resultado la abolición de la esclavitud o los movimientos feministas a los que agradecemos que hoy las mujeres podamos votar, tener derecho a heredar o a trabajar sin restricción, son algunos ejemplos de cómo las sociedades se critican y se renuevan moralmente. Nuestro siglo nos ha impuesto un nuevo reto o, más bien, ha renovado un reto con el que la humanidad estaba en deuda, esto es, la necesidad de pensar cómo tratamos a los animales y cómo debemos tratarlos. Nuestra relación con los animales ha sido siempre confusa. Las grandes diferencias entre nosotros y todas las especies y entre las especies entre sí han hecho que comprendamos poco sus formas de vida y por tanto sus formas de sufrir, y esto nos ha llevado a valorar tan poco su sufrimiento que incluso hemos llegado a preguntarnos si pueden sufrir. Hoy en día ya nadie dudaría de que los animales son capaces de sufrimiento, en distintos grados, como distintas son las especies. Sin embargo, los últimos siglos han conocido formas de tortura a los animales como poco se habían visto antes: la crianza industrial de animales para el consumo de carne y otros productos derivados de los animales, la experimentación, el uso de los animales para la diversión, el confinamiento de animales en zoológicos; todas estas son prácticas que nos parecen naturales y de cuya justicia nunca dudamos. Los movimientos animalistas surgidos desde el siglo XIX, pero cuya fuerza ha crecido sobre todo desde los años setenta, se han encargado de denunciar estas prácticas y de mostrarnos que hemos basado toda nuestra comodidad y nuestro beneficio en el sufrimiento de buena parte de los seres vivos de este planeta. Aún aquellos que no usamos con ningún fin sienten el poder de la razón humana2, pues con el saqueo y la contaminación de sus hábitats naturales (pensemos en el reciente caso de Japón), acabamos con sus posibilidades de sobrevivir y pensamos que encerrar unos cuantos en zoológicos es la solución.
El reto para todos nosotros, en tanto seres capaces de razón, es pensar cómo queremos tratar a los animales, cómo queremos convivir con ellos,  y esto no es más que la pregunta sobre qué tipo de sociedad queremos ser. Muchos de nosotros tenemos una relación cercana con mascotas, relación de cuidado y cariño, casi todos reaccionamos con horror ante actos de crueldad frente a perros o gatos, también dudamos mucho de cualquiera que no reaccione de la misma forma; sin embargo, pocos dan un paso atrás ante el dolor de especies enteras y renuncian a comer carne para evitar este sufrimiento (a pesar de que en Colombia sigue viva la discusión de si ser vegetariano es saludable o no, en muchos otros países se ha llegado a entender que la alimentación vegetariana es una alimentación sana). De la misma manera, pocos se informan acerca de cuántos animales tuvieron que sufrir para que su shampoo pudiera hacer el cabello más suave, o cuántos mueren diariamente para tener la supuesta garantía de que la crema de afeitar no irrite. Esto es, no tenemos una sola moral frente a los animales, sino que juzgamos sus sufrimientos como malos o buenos según nos convengan o no, según se trate de seres cercanos o no. De nuevo la pregunta es, ¿aceptamos que es correcto que algunos seres humanos sufran y otros no? ¿es correcto torturar a unos seres humanos y a otros no? Por fortuna pasaron las épocas en las que la respuesta a esta pregunta no era obvia; hoy en día nos indigna cualquier tortura a seres humanos. ¿Por qué no es lo mismo con los animales? ¿Porque que no son seres humanos? Estamos de nuevo ante la misma cuestión: si la respuesta es sí, entonces debemos preguntarnos cuáles son las razones por la cuales pensamos así.
Entre las formas en las que usamos a los animales para beneficio propio, aquella que probablemente sea considerada como la más necesaria es la de la experimentación. Solemos pensar que usar animales para estos fines va a “curar el cáncer” y que la salud de la humanidad está en peligro si no usamos los animales para la experimentación médica, para testear todo tipo de productos o para la educación de médicos. Gary Francione, profesor de derecho e influyente activista por los derechos de los animales, ha mostrado en uno de sus más importantes libros, cómo esta pregunta es una trampa, como el dilema “la vivisección o la vida humana” no existe. Entre los muchos puntos que el profesor Francione cuestiona sobre la vivisección, está precisamente su real contribución a temas tan importantes para la sociedad y la medicina como el tratamiento del cáncer o del SIDA;  nos recuerda la discusión que se vive en los Estado Unidos desde los años ochenta, en la que se pone en duda que la experimentación con animales haya significado un progreso real en la investigación contra el cáncer, y que no se la haya más bien retrasado, dados los test contradictorios hechos en animales; de igual manera cita estudios que ponen seriamente en duda el que la investigación del SIDA en animales haya significado beneficio alguno a los seres humanos que padecen SIDA.3 Por otro lado, sabemos que hace años es posible fabricar productos cosméticos y de muchos tipos sin tener que recurrir a la experimentación con animales, ¿por qué se hace necesario seguir usando el test de Draize y otros semejantes? Algo que no debemos olvidar es que buena parte de la vivisección está al servicio de grandes empresas, no solo de aquellas cuyos productos resultan de la experimentación animal, sino de aquellas que “fabrican” animales, incluso genéticamente manipulados, para que se usen en la vivisección, o de aquellas empresas criminales que se dedican al robo de animales de refugios y hogares para hacerlos más baratos para los experimentos. Una de las grandes preguntas que nos debemos como sociedad es ¿qué intereses deben tener prioridad? ¿Aquellos que nos impone el mercado o aquellos que consideramos debe tener una sociedad pensante y justa? Por otro lado, si pensamos que la libertad de investigación debe ser nuestra consigna, debemos también preguntarnos ¿no nos ha mostrado la historia que la investigación necesita de sus límites como cualquier actividad humana? Si por otro lado pensamos que solo practicando en animales podemos tener médicos en nuestras universidades, debemos tener en cuenta el más famoso ejemplo de lo contrario, hace más de cien años que Gran Bretaña no permite que se enseñe ni se opere en animales en sus facultades de medicina o veterinaria, y ni la medicina ni la salud se acabaron por esto en ese país.
Cuando nos preguntamos por nuestras obligaciones morales, por nuestros compromisos como profesionales y como miembros de una sociedad, claramente no podemos esperar que las respuestas vengan de otros. La moral siempre viene del convencimiento sobre lo que es correcto y de la actitud crítica que tengamos frente a nuestro entorno. Una obligación en el mundo globalizado es clara, a saber, la de informarnos, la de entender el mundo a partir de informaciones claras y no de informaciones puestas al servicio de pequeños grupos. Siempre un buen primer paso para responder a las preguntas que planteaba al principio, es informase sobre aquello que realmente hacemos a los animales y cómo esto les afecta. Si pensamos que esto es solo una cuestión de “animalistas”, debemos entonces preguntarnos, ¿acaso los animales conviven solo con animalistas y sufren solo para ellos? ¿se necesita ser activista feminista para rechazar la violencia a la mujer o activista por los derechos de la población negra para rechazar la discriminación? Si consideramos que para todo esto de los animales no hay tiempo porque hay problemas más apremiantes, debemos pensar también cuán problemático es distinguir entre violencias buenas y malas, entre violencias urgentes y aquellas que dan espera y cuán peligroso puede ser eso para nosotros como seres humanos. Estas discusiones nos comprometen a todos como miembros de una sociedad y no solo a algunos grupos y, como ya lo he dicho, hacen parte de la discusión sobre qué tipo de sociedad queremos ser.
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" Nada beneficiará la salud humana, ni incrementará más las posibilidades de supervivencia de la vida en la Tierra, como la evolución hacia una dieta vegetariana".
A. Einstein

1 comentario:

  1. Me encantó tu blog Gloria, te felicito. Voy a guardar el link así puedo ver toda la información tan interesante que has compartido. Muy bueno todo. Gracias y saludos!!

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