jueves, 16 de enero de 2014

Proyecto Galileo, Ingeniería Inversa a Discos Voladores y Elemento 115: El combustible de las Naves Extraterrestres


Proyecto Galileo, ingeniería inversa a discos voladores y elemento 115: El combustible de las naves extraterrestres


Creo que para darnos una idea del tema vamos a recurrir a unas definiciones de Ingeniería Inversa que conseguí en la web.

Ingeniería inversa
El objetivo de la ingeniería inversa es obtener información o un diseño el cual a partir de un producto accesible al público, con el fin de determinar de qué está hecho, qué lo hace funcionar y cómo fue fabricado.
La ingeniería inversa se basa en quitar, remover, suspender uno o más temas de protección de alguna aplicación ya siendo comercial y otras.
Hoy en día (principios del siglo XXI), los productos más comúnmente sometidos a ingeniería inversa son los programas de computadoras y los componentes electrónicos, pero, en realidad, cualquier producto o bien puede ser objeto de un análisis de Ingeniería Inversa.
El método se denomina así porque avanza en dirección opuesta a las tareas habituales de ingeniería, que consisten en utilizar datos técnicos para elaborar un producto determinado. En general, si el producto u otro material que fue sometido a la ingeniería inversa fue obtenido en forma apropiada, entonces el proceso es legítimo y legal. De la misma forma, pueden fabricarse y distribuirse, legalmente, los productos genéricos creados a partir de la información obtenida de la ingeniería inversa, como es el caso de algunos proyectos de Software libre ampliamente conocidos.


Hoy les traigo aquí un tema relacionado con ovnis, en 1988 un tipo llamado Robert Scott Lazar o Bob Lazar dice haber trabajado para el gobierno de los EE.UU, en un sector de una de los lugares mas restringidos del mundo, el Area 51. Durante su trabajo en la base estuvo a cargo de uno de 3 proyectos que se llevaron a cabo, el proyecto Galileo, el cual se encargaba de estudiar el funcionamiento de una de las 9 naves extranjeras (ovnis), según Lazar la tecnología de el ovni en el que fijo su investigación tenia una tecnología fascinante y que esta estaría a cientos de años por ser alcanzada por el hombre.
Según Lazar la nave en la que trabajo tenia entre 4.5 metros de altura y 15 metros de diámetro, la nave se posa sobre su barriga, la puerta o entrada se encuentra por debajo de la mitad de la nave y el color es un gris velcre que predomina por el exterior y el interior de la nave.

Interior de la Nave.
El interior de la nave es muy simple, consta de 3 niveles:
-Nivel Central: se accede a este por la puerta, en este nivel se encuentran los asientos que en total son 3, estos están alrededor de el reactor que esta ubicado en el centro de la nave, al lado de cada asiento esta ubicada una consola de control, además en las paredes del nivel están distribuidos cerca de 7 arcos que una vez encendida la nave se vuelven transparentes y sirven como ventana, desde el reactor sale un caño metálico hasta el nivel superior.
-Nivel Superior: este nivel es totalmente desconocido ya que a Lazar no se le autorizo entrar a este nivel, quizás en ese lugar se encuentre otra clave para que la nave levite.
-Nivel Inferior: en este nivel se encuentran 3 amplificadores de gravedad que se mueven independientemente, cada uno esta directamente debajo de una consola de control del nivel central.

La fuente de poder es un poderoso reactor que usa como carburante a un elemento muy pesado que Lazar enumero como 115 descrito mas abajo.
Dentro del reactor se encuentra una pequeña pieza en forma de lanza echa del elemento 115, dentro del reactor se lanzan protones muy sofisticadamente al núcleo de cada átomo de la barra metálica de 115, esto es muy difícil de hacer en la tierra incluso en enormes aceleradores de partículas tomando en consideración que el reactor de la nave no es mas grande que una pelota de basquetbol, y si se puede hacer esto en la tierra solo se hace en cantidad de un átomo, pero en el ovni se le hace a todas las partículas de la barra metálica. Cuando un protón entra en el núcleo de cada átomo de 115, el átomo se transmuta a 116, pero este elemento es muy inestable por lo que decae y libera anti-materia, crear antimateria es algo muy difícil de hacer en la tierra sobre todo por los altos costos de dinero y si alguna vez se ha echo solo es en cantidad de unas pocas partículas pero en el reactor se crea un verdadero flujo de antipartículas. Luego todo el flujo de antimateria es canalizado por un tubo y luego es puesta en contacto con materia común, cuando la antimateria y la materia tienen contacto entre si se crea una aniquilación total que libera mucha energía, una de las formas de energía que se libera es el calor, este es convertido en energía eléctrica, pero Lazar dice no haber detectado dispersión de calor durante el proceso, lo cual es una aparente violación a las leyes de la termodinámica, según estas leyes es imposible tener une eficacia del 100% en la transformación de calor en electricidad, pero gracias a la avanzada tecnología del ovni esto es totalmente posible. Otra de las energías irradiadas durante la aniquilación de antimateria con materia es la denominada Onda A, esta es una onda de gravedad que envuelve a la nave y gracias a los amplificadores de gravedad se puede distorsionar esta onda y amplificársela para distintas funciones. Que quiere decir esto, así es, la nave crea su propio campo de gravedad algo casi imposible ya que para tener un campo de gravedad tan poderoso como el del ovni es necesario tener toda la masa de un planeta entero, pero la nave ni se acerca a ese nivel de masa. La nave puede levitar gracias a la generación de un campo de ingravidez, y tiene la capacidad de doblar el espacio y el tiempo hacia ella para viajar mas rápido que la luz.

ELEMENTO 115: ¿EL COMBUSTIBLE DE LAS NAVES EXTRATERRESTRES?
Hace dieciséis años un polémico personaje que aseguraba haber analizado naves de origen extraterrestre se refirió a un extraño material que les servía de combustible y les permitía controlar la gravedad. Recientemente, un equipo de investigadores suizos ha creado átomos del elemento 115, cuyas propiedades recuerdan asombrosamente a las relatadas por el misterioso investigador. ¿Estamos a punto de disponer del combustible de los OVNIs?
A finales de enero el Instituto Paul Scherrer de Suiza anunció que uno de sus equipos de investigadores había conseguido fabricar algunos átomos de un nuevo elemento superpesado, al que corresponde el número 115 en la tabla periódica y que ha sido bautizado provisionalmente como “ununpentium”. Se trata de un indudable éxito científico que para muchos puede tener una segunda lectura aún más apasionante que la derivada de la importancia del propio descubrimiento. Y es que el elemento 115, que no se encuentra en nuestro planeta de forma natural, ha sido identificado como el combustible de las presuntas naves de origen extraterrestre que se han estrellado a lo largo de las últimas décadas en Estados Unidos. ¿Está el ser humano a punto de fabricar el combustible de los OVNIs? ¿Podría encerrar este nuevo elemento la clave de una poderosa fuente de energía y del control de la gravedad?

BOB LAZAR Y LOS EXPERIMENTOS SECRETOS
Cuando en noviembre de 1989 un curioso personaje llamado Bob Lazar apareció en una entrevista en el canal televisivo Las Vegas TV muy pocos tomaron en serio sus explosivas declaraciones. Afirmaba que había estado trabajando en una base súper secreta del gobierno de Estados Unidos llamada S-4 y situada cerca de la famosa Área 51. Allí –sostenía– había analizado unas naves de origen extraterrestre que habían sido capturadas por los militares. Según Lazar, su cometido consistió en investigar como físico el sistema de propulsión de aquellos artefactos e intentar reproducir, en la medida de lo posible, su avanzada tecnología. Pero –siempre según la versión de Lazar– no había sido posible comprender en tu totalidad, y menos aplicar, aquella tecnología alienígena. Sí se logró, por el contrario, determinar que el secreto del funcionamiento de las naves residía en un elemento que no se encuentra en nuestro planeta. Mucho más pesado que el plomo y de aspecto anaranjado, el elemento 115 –afirmaba Lazar– tenía unas extraordinarias propiedades que lo convertían en una asombrosa fuente de energía y en la llave para generar gravedad artificial. Lazar no pudo documentar sus afirmaciones, como tampoco pudo demostrar que hubiese trabajado para el gobierno estadounidense ni que hubiese estudiado física –como había dicho– en instituciones de prestigio (ver recuadro en página 46). Pero, a pesar de todo, los datos que facilitó sobre el supuesto elemento 115 resultaban más que sugerentes. Y, con el paso del tiempo, algunas de sus afirmaciones se han cumplido.

ANTIMATERIA Y ANTIGRAVEDAD
El testimonio de Lazar parecía extraído de una novela de ciencia ficción y como tal fue tomado por muchos. Aseguraba haber llegado al Área 51 de la mano del doctor Edward Teller, así como haber estudiado varias naves de procedencia alienígena que se encontraban en poder de las autoridades estadounidenses. También explicó que su propósito era la “ingeniería inversa”, es decir, tratar de replicar la tecnología extraterrestre, mucho más avanzada que la terrestre.
Aunque no proporcionó demasiados datos técnicos, Lazar subrayó que lo que sí se había podido comprobar era que la fuente de energía de aquellas naves era un elemento superpesado, el 115. Se trata de un elemento que no se encuentra en nuestro sistema solar, pero que podría estar presente en otras zonas del Universo como un subproducto de las supernovas. Según Lazar, en el interior de la nave el elemento 115 se sometía a un bombardeo de neutrones que producía su transmutación en el elemento 116, mucho más inestable. Éste iniciaba de inmediato una reacción que tenía dos extraordinarios efectos.
El primero consistía en emitir partículas de antimateria que, al entrar en contacto con otras de materia, se desintegraban y producían una enorme cantidad de energía, que se aprovechaba en un generador enormemente eficiente. Más sorprendente aún era el segundo efecto: la creación de una onda de lo que llamó “gravedad B”, un fuerte campo gravitatorio propio que, a través de tres dispositivos situados en la base de las naves, podía ser dirigido a voluntad para desplazarse por el espacio. De este modo –proseguía Lazar–, la fuerza de gravedad creada por la desintegración del elemento 115 permitía que las naves viajasen de una forma más o menos convencional, pero también hacía posible retorcer el espacio de manera que el aparato pudiera trasladarse casi instantáneamente de un punto del Universo a otro muy distante. La fórmula permitía que ambos lugares se aproximaran al “plegar” el espacio. Lazar afirmó incluso que las autoridades de los Estados Unidos habían llegado a conseguir unos 200 kilos de este material de manos de los alienígenas.

VIDA BREVE
Cuando Lazar hizo estas declaraciones la idea predominante entre la comunidad científica era que, en caso de existir, el elemento 115 sería sumamente inestable y tendría una vida media de una fracción de segundo. Otros elementos atómicos sintetizados con anterioridad, como el 111 y el 112, tienen una existencia muy breve, de apenas milésimas de segundo, antes de desintegrarse. Esta característica es muy común entre los elementos transuránicos, los que aparecen en la tabla periódica más allá del uranio, cuyo número atómico es 93. Pero cuando hace siete años se sintetizó el elemento 114 se comprobó que es mucho más estable de lo que se pensaba: su vida es de treinta segundos. Este hecho hizo que muchos científicos pensaran que estaban a punto de lograr la “isla de estabilidad”, es decir, átomos superpesados pero estables durante años. El premio Nobel Glenn Seaborg predijo esta posibilidad en 1991. Calculó que se podría conseguir con algún isótopo de los elementos 114 o 115.
La clave de la estabilidad radica en que el núcleo del átomo sea lo más esférico posible, algo que, según Seaborg, puede ocurrir si posee al menos 298 nucleones (la suma de los protones y los neutrones). En el caso del experimento realizado recientemente por los investigadores suizos, dirigidos por el doctor Heinz Gäggeler, la vida del nuevo átomo fue muy breve: una décima de segundo. Pero eso sólo indica que con el proceso empleado (bombardear un disco de americio con un rayo de iones de calcio) se ha obtenido un isótopo del elemento 115 que no llega a alcanzar la tan esquiva estabilidad. En el centro de investigación nuclear de Dubna (Rusia), donde se ha sintetizado el ununpentium, varios equipos internacionales llevan años tratando de obtener nuevos elementos químicos. Allí se descubrió también el elemento 114 y, hace dos años, un equipo formado por científicos rusos y estadounidenses logró indicios del 115 que quedaron pendientes de confirmación. Es muy probable que sea en este centro donde se consiga un isótopo estable de este elemento. Puede que Lazar se adelantase unos años al hablar de un elemento estable con 115 protones. Pero eso no significa que constituya la extraordinaria panacea que describía.
Tomado de:
  1. http://www.masalladelaciencia.es/hemeroteca/elemento-115-el-combust...
  2. http://www.emudesc.net/foros/cafeteria/231884-proyecto-galileo-inge...

1 comentario:

  1. Muy interesante ahora ya sabemos como "Dios" volaba por sobre la fas de las aguas segun el genesis

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