lunes, 1 de agosto de 2011

La Caza de Brujas en la Historia Moderna, por María Teresa Fúster


Imagen de Caza de Brujas en The Crucible,
film protagonizado por Daniel Day-Lewis,
de Nicholas Hynter, inspirado en la famosa quema
de brujas de Salem, en 1692
La Caza de Brujas en la Historia Moderna 
por María Teresa Fúster 

Cuando se emprende el estudio de la Europa Moderna, no se puede dejar de considerar un fenómeno singular y único que marcó a este rico período: la caza de brujas.
Durante el siglo XVI Europa se ve infectada de denuncias sobre brujería. Miles de personas sospechadas de esta práctica eran detenidas y sometidas a interrogatorios, tanto por las autoridades civiles como por la temible Inquisición. La simple probabilidad de caer en sus manos llenaba de terror. El uso de tortura, tanto para lograr la confesión o simplemente para la confirmación de ésta, era lo habitual. Y las penas podían ir desde la abjuración pública y el uso del sanbenito – un hábito amarillo con una cruz roja, cada vez que salía de su casa - muestra pública de vergüenza y humillación, hasta la condena a muerte en la hoguera (1)

Ocupaba un lugar destacado en las delaciones e interrogatorios la descripción de las prácticas y reuniones nocturnas sabáticas celebradas por los miembros de sectas de brujos. Estas descripciones incluían la negación de la fe, el pacto satánico, la orgía sexual, el sacrificio de niños, el vuelo nocturno, el ejercicio de poderes maléficos contra hombres, animales y cosechas, junto con la inversión de los valores del culto cristiano, que introducían el caos en el orden divino, social y simbólico de las asustadas poblaciones.
El resultado de estas denuncias llevó a la muerte a miles de personas. La caza de brujas alcanzó su clímax entre los siglos XV y XVII, siendo para el siglo XVIII sólo un recuerdo. ¿ Cómo llegó a construirse la imagen de la bruja satánica, de manera tal como para generar psicosis colectivas? ¿ Tenían las prácticas descriptas un trasfondo real? Y: ¿cuál fue la razón que hubo tras la construcción de esta imagen?
La clave para entender este fenómeno la tenemos que buscar en la historia del pensamiento, en particular en el religioso. Así como la idea bíblica de la existencia del diablo llevó siglos de elaboración teológica (2), la figura del brujo o hechicero (3) como agente del demonio y las prácticas supersticiosas como hechos satánicos, llevó siglos de composición por los pensadores de la Iglesia.
Marcelo Campagne en Homo Catholicus. Homo Superstitiosus (4), describe tres modelos de superstición elaborados a lo largo del tiempo: el modelo clásico, el cristiano y el científico racionalista. Mostrando así la clara evolución del pensamiento sobre costumbres y hechos ancestrales, y la distinta manera de percibirlos y entenderlos según los distintos modelos prevalecientes. Para el modelo Clásico, greco latino, la superstición, ese temor excesivo a los dioses, la creencia que los males se originaban de pecados o prácticas rituales era simplemente ignorancia, emociones surgidas de falsos razonamientos. "La perversión ha sido la fuente de creencias falsas, crasos errores y supersticiones apenas por encima del nivel de los cuentos de viejas", escribía Cicerón (5). El cristianismo en el I siglo compartía esta idea: " Rechaza las fábulas profanas y los cuentos de viejas", escribía San Pablo a su discípulo Timoteo (6).
Unos trescientos años después, a través de San Agustín de Hipona llegaría (354-430 d. C.) la formulación del modelo cristiano de superstición. El Obispo de Hipona unificó bajo el término superstición prácticas de orden cultual –referidas a desviaciones dentro de la formulación del culto, como idolatría - y aquellas que no lo eran - tales como creencias en amuletos, en maleficios, horóscopos, agüeros y "vendajes y remedios que condena la ciencia médica... o en colgarse o atarse algún objeto", escribía San Agustín (7). Por otro lado, establece una clara relación entre la superstición y la demonología, sosteniendo que detrás de las supersticiones están los demonios, y que éstos pueden producir efectos reales. Esta idea va a traer con el tiempo importantes consecuencias.
Durante la Alta Edad Media este criterio se deja de lado, se niega que hubiese verdad detrás de las supersticiones. Ejemplo de esto es el fragmento existente delCanon Episcopi del siglo IX, donde refiriéndose a creencias populares sobre ciertas mujeres adoradoras del diablo, que participan en cabalgatas nocturnas, dice lo siguiente: "De hecho, una innumerable cantidad de personas, engañadas por esta falsa creencia, considerando estas cosas verdaderas, se desvía de la justa fe y cae en el error del paganismo porque termina afirmando la existencia de alguna otra divinidad o potencia sobrenatural además del único Dios. Es por eso que los sacerdotes en sus iglesias deben predicarle al pueblo continuamente para hacerle saber que ese tipo de cosas son enormes mentiras y que estas fantasías son introducidas en las mentes de hombres sin fe no por el espíritu divino, sino por el espíritu del mal" (8). Si bien este valioso documento negaba a la brujería realidad física, condenaba a quienes creían en ella, preparando el camino para la oleada de represión que ocurriría siglos después. Además su descripción del vuelo nocturno contribuyó a extender y fijar el concepto histórico de sabbat.
En los siglos XII y XIII brilla el pensamiento escolástico en las universidades europeas. Santo Tomás de Aquino (l225- 1274), uno de sus más grandes exponentes, retoma la reflexión sobre la superstición, siguiendo el pensamiento de San Agustín sobre el tema. Profundiza y complejiza la noción de pacto con el diablo, distinguiendo con claridad el pacto expreso, directo con el demonio, del pacto tácito, que incluía augurios, sortilegios, astrología, adivinación por sueños, presagios, quiromancia, y práctica similares. "... toda adivinación hace uso, para conocer los futuros eventos, del consejo y ayuda de los demonios. Esto a veces se implora expresamente; pero otras veces, y sin intención alguna del hombre, los mismos demonios intervienen secretamente y anuncian sucesos futuros que ellos conocen", escribía Santo Tomás en La Summa Theologica(9). Lo cual convertía a los ejecutantes de estas prácticas en agentes de los demonios y en punibles de castigo dado la existencia de un pacto previo con el diablo, aunque éste fuese tácito.
La filosofía y teología de la escolástica, si bien aportó pocos elementos nuevos al concepto de brujería, suministró una lógica interna y una estructura intelectual coherente al fenómeno, proporcionando de esta manera las armas necesarias a los inquisidores para proceder en su persecución de brujas.
Sin embargo, la actitud que el espíritu medieval va a tomar frente a la superstición y, en especial, frente a las brujas y la hechicería, es muy vacilante todavía. Hay muchas manifestaciones de duda y de interpretación racional. Para l400 la corte de Francia, como muchas otras cortes europeas, era un hogar para la magia y la astrología (10). Sin embargo, gradualmente el escepticismo se va abandonando, las ideas tomistas van generando aceptación en los teólogos, en especial la noción de pacto tácito (11) con el diablo, y así lentamente va conformando el estereotipo satanizado de la bruja.
Algunos investigadores sostienen que el inicio de la caza de brujas y la configuración del sabbat se encuentran en el siglo XIV, mientras que otros afirman que recién en el XV hay pruebas claras de este hecho. Carlo Ginzburg en Historia Nocturna plantea la tesis de que esta nueva imagen de la brujería practicada por grupos que celebraban reuniones nocturnas surge en los Alpes Occidentales a mediados del siglo XIV (12). Si bien, fuentes como elFornicarius – que utiliza Ginzburg – demuestran que la brujería ya era un hecho reconocido como satánico en ese siglo, la imagen completa del sabbat y del vuelo nocturno, característica del fenómeno, no están presentes aún. Es recién a comienzos del siglo XV cuando comienza con intensidad la persecución y condena de individuos por la acusación de brujería y elementos del estereotipo del aquelarre ya se encuentran plenamente desarrollados en los registros de los interrogatorios. Ya se había cristalizado la imagen completa de la bruja que había realizado un pacto con el diablo, con el fin expreso de dañar al prójimo, que celebraba con sus compañeros reuniones nocturnas, donde se practicaban los hechos más aberrantes. Fray Martín de Castañega en su Tratado de las supersticiones y hechicerías (Logroño, l529) describe las ideas que circulaban con respecto a estas ceremonias al relatar: "Más muchos de los sacrificios antiguos diabólicos y las más solemnes, se celebraban con sangre humana, ofreciendo, degollando y sacrificando a sus propios hijos e hijas al demonio".Esta costumbre de devorar niños o ofrecerlos en sacrificio al demonio, era uno de los elementos característicos del estereotipo de las brujas, así como también el vuelo nocturno, del cual Castañega menciona al decir que: " de creer es que permite (Dios) alguna vez que el demonio lleve por los aires a sus familiares"(l3).
Este estereotipo ya plenamente formado, para el siglo XV, da lugar a que las autoridades emprendan una caza sistemática de estos supuestos adoradores del demonio. El papa Inocencio VIII en l484 en la Bula Summis Desiderantes Affectibus autoriza las persecuciones de brujas por parte de los inquisidores, dado que "... muchas personas de ambos sexos, olvidándose de la propia salvación y desviándose de la fe católica han mantenido relación con demonios..", nombra a inquisidores calificados para las regiones de Germania, con el fin de "evitar la peste de la hechicería perversa y similares excesos difundan su veneno dañando a otros inocentes... es consentido a los inquisidores antes nombrados ejercitar su oficio inquisitorial en dichas regiones y que les debe ser permitido proceder a la corrección, encarcelamiento o punción de las mencionadas personas" (l4).
Se emprende de esta manera una caza despiadada contra personas que en muchos de los casos eran depositarias de sabiduría y costumbres ancestrales, como el uso de ciertas hierbas con propósitos curativos o amatorios, y que durante siglos habían sido aceptadas y respetadas dentro de las comunidades; pero que, ahora, producto de esta deliberada construcción ideológica, se veían desplazados de la misma, considerados enemigos de la fe y de los verdaderos cristianos.
El diferente, el otro, el marginal siempre ha sido y aún hoy lo es, la figura sospechada. Ante el menor hecho adverso el diferente es señalado como responsable. Así fue como en el medioevo europeo el leproso, el judío, el hereje fueron las víctimas constantes, acusadas de todos los males que sucedían en la comunidad. Si ocurría una epidemia, ellos eran los responsables, pues habían envenenado las aguas con polvos (l5). Los rumores circulaban y como consecuencia de esto miles de individuos entre ellos perdían la vida. A comienzos de la modernidad fueron reemplazos por la figura estereotipada del brujo o bruja, un ser al margen de la sociedad, capaz de todos los crímenes y males posibles, el culpable por excelencia (l6) "Ni bien había comenzado a recrudecer la peste", escribía el Cardenal Federico Borromeo, en 1630, "se difundió entre el vulgo una cierta convicción: que aquellos que ejercitaban el difícil arte de untar las paredes, mezclaban los unguentos con acuerdos pactados con los demonios... el veneno propio de la peste" (17). Estas eran las creencias corrientes que circulaban y que llevaban a la detención y muerte de muchos acusados.
Esta construcción ideológica tuvo como consecuencia una separación aún más radical entre el pequeño grupo de teólogos que decidían que era y que no era superstición y brujería, y el pueblo que, en la mayoría de los casos, practicaba o creía en estas cosas. Enrique Kraemer, nombrado inquisidor por Inocencio VIII, preocupado porque algunos magistrados, tanto civiles como eclesiásticos, no creían en las acciones de brujas y magos escribió: "Es pues peligrosísimo predicar de este modo defendiendo a las brujas y haciendo que crezca su número... las brujas son creídas cuando niegan creer en los demonios y dicen que no les entregaron su propio cuerpo y alma y que no ofrecen sus propios hijos ni practican otros horribles ritos que son enumerados en los dichos discursos sobre las brujas" (18). De ahí la multiplicación de los denominadosTratados Antisupersticiosos para instruir a aquellos que debían reprimir lo que los teólogos decidían que era incorrecto. La invención de la imprenta en l450, ayudó a la difusión de estos tratados y a generalizar el estereotipo de la bruja satánica. Resulta paradójico que uno de los más grandes inventos de la modernidad, que uno asocia a la difusión de la cultura y la apertura del pensamiento, haya sido precisamente uno de los medios indirectos de la propagación de la ignorancia e intolerancia.
En su introducción, el Tratado de Fray Martín de Castañega, declara que el propósito de su publicación era " que los visitadores y curas, y aún todos los clérigos deste muy honrado y grande obispado, lo tengan entre manos por ser materia peregrina... para quitar muchas ignorancias que muchos, que presumiendo de letrados, niegan las materias de las supersticiones y hechicerías" (19). Los mismos que tenían la responsabilidad de reprimir la hechicería muchas veces estaban en confusión de los que realmente era superstición y lo que no lo era. Esto muestra el carácter de construcción del concepto mismo de superstición, cuyo fin era el disciplinamiento y control social sobre la población en general y los grupos marginales en particular.
El análisis de un caso particular ocurrido en San Miniato (20) un pueblo del ducado de Florencia en 1594, nos puede ayudar a entender lo expuesto con anterioridad sobre lo que se encontraba detrás de esta caza o persecución de "brujas". Es el proceso contra una mujer viuda de unos sesenta años, que ejercía el oficio de partera y curandera, Gostanza, llamada "de Libbiano" - evidentemente el pueblo donde había pasado la mayor parte de su vida y comenzado a ejercer su oficio-. Pocos años antes se había mudado al pueblo de Bagno, y es allí donde es denunciada como bruja ante las autoridades por sus mismos vecinos. Varios elementos significativos se pueden inferir de estos pocos datos. La acusada era mujer, viuda y extranjera en el pueblo, tres elementos que señalaban su vulnerabilidad y que, a la vez, la hacían sospechosa. En el Malles Maleficarum, un célebre tratado de demonología de l486 encontramos lo siguiente: " Toda brujería proviene del apetito carnal que en las mujeres es insaciable" (21). Fray Martín de Castañega en el capítulo V de suTratado se explaya sobre las razones de que haya más mujeres que hombres consagradas al demonio y agrega "... más son de las mujeres viejas y pobres... porque como en los otros vicios la pobreza es muchas veces ocasión de muchos males" (22). La misoginia era habitual, no sólo en la redacción de los tratados de demonología sino en las relaciones cotidianas. A su vez Castañega señala a la pobreza como otro factor descalificador. La discriminación está claramente presente.
Los oficios que ejercía de partera y curandera, la colocaban en un terreno peligroso, pues ambos estaban asociados con prácticas diabólicas. Castañega en su Tratado escribe sobre las parteras: "... (Satanás) hace que los ministros, en la más sutil y secreta manera que pueden maten niños, como lo hacen muchas parteras brujas..." (23). La recolección de plantas, el conocimiento de su papel terapéutico y su empleo para sanar enfermedades era transmitido de generación en generación a través de la línea femenina. Por siglos estas mujeres cumplieron un importante papel en sus comunidades. Eran las encargadas de mantener y transmitir conocimientos ancestrales, pero la construcción del modelo cristiano de superstición, hizo de ellas objeto de sospecha, colocándolas al margen de la sociedad, en la posición de agentes del diablo. De tal manera que, ante una situación de malestar social, como carestías, pestes, guerras - como era la de fines del siglo XVI en Italia, época en que vivió Gostanza - las hacía las víctimas seguras de una persecución. Posiblemente la envidia y los celos hayan sido los móviles que llevaron a sus vecinos (y posiblemente a médicos) a denunciarla. El hecho de que varios niños a los que ella ayudó a nacer hubiesen muerto, motivó la oleada de denuncias en su contra. Su condición de miembro reciente de la comunidad, sin raíces en el pueblo, la hacía doblemente sospechosa.
Poco después de su arresto comienza el interrogatorio que dura cinco días. Fácil es adivinar la presión psicológica que esta anciana experimenta. Gostanza niega los cargos, por lo tanto la someten a tortura, al parecer al tormento llamadopotro (24). A pesar de la tortura, Gostanza niega las acusaciones, el inquisidor, le hace una serie de preguntas sobre reuniones nocturnas, hechizos sobre niños, el fin es que ella confirme su participación en reuniones satánicas, y que su descripción encaje en el modelo existente de bruja. Dos días después, la vuelven a someter a tortura, al fin ella dice "Si queréis que os diga mentiras, las diré...".Allí comienza la confesión. Describe el aquelarre, su relación con el diablo, su vuelo en escoba, como se convierte en gato, y bebe sangre de niños. Describe todo lo que los inquisidores esperaban. Diez días después el propio Inquisidor de Florencia, un hombre más ilustrado, va a tomar a su cargo los interrogatorios. Gostanza comienza a describir su vida, su rapto a los ocho años para ser entregada al hombre que será su esposo. El abuso a esa tierna edad, y su huida de la realidad, como encontraba refugio en el bosque y en sus fantasías. La imagen que ella presenta del aquelarre es una construcción donde se entremezclan sus propios anhelos, expectativas, y sueños, con la imagen elaborada de las reuniones satánicas. Un cuento lleno de elementos folclóricos, probablemente recuerdos infantiles e historias que escuchara. Presenta al diablo como un esposo amoroso, diferente del que tuvo, y a la "Ciudad del Diablo", donde se celebran las reuniones, como "una ciudad de oro, más bella que Florencia" muy distinta del ambiente cotidiano y gris donde se mueve. La fantasía que proyecta en su relato claramente muestra su huida de la realidad, el deseo de encontrar en este mundo ficticio la protección contra la dureza, exigencia y frustraciones de su mundo real.
El inquisidor se convence de hallarse sólo ante una visionaria. Tras veintiún días de interrogatorio es liberada. La Inquisición está menos dispuesta a dejarse llevar por estas historias que los tribunales civiles. Durante todo el siglo XVI el Santo Oficio mostró mayor prudencia en esos casos que los tribunales civiles, siendo éstos responsables del mayor número de ajusticiamentos por hechicería. La Inquisición prefería atender, y con severidad, los casos de herejía (25).
Toda fantasía tiene una fuerte base real. Y en el caso de la detallada reconstrucción del fantástico mundo descripto por Gostanza, se amalgaman visiones derivadas de su instrucción religiosa - la aprendida por los predicadores de campaña - y la cultura y saber populares, de largos siglos de elaboración y transmisión campesina. Todo esto coloreado por sus propias vivencias y al entorno social que le tocó vivir.
La persecución de la brujería fue sin duda uno de los mecanismos puestos en marcha con el fin de destruir la cultura popular, y sus antiguos saberes. En los procesos de brujería se destaca una gran mayoría de mujeres acusadas y esto era así porque las mujeres eran precisamente las encargadas de custodiar esta sabiduría popular. Ellas eran las que presidían veladas nocturnas – posiblemente de aquí se derive la imagen del sabbat - que constituían unos de los mecanismos más tradicionales de transmisión cultural en el campesinado. Veladas en las que, junto al relatos de cuentos y de sucesos pasados, se enseñaban costumbres morales o se transmitían saberes sobre plantas y astros. El universo mágico se entremezclaba con la percepción popular del mundo. José Luis Romero en La cultura Occidental, planteaba que la realidad e irrealidad se confundían y entrecruzaban constantemente en la mente del hombre medieval, donde el sentimiento mágico del germano o la adivinación de lo misterioso que anidaba en los antiguos celtas pervivía, mezclándose con el dogma cristiano. Todo esto daba como resultado un rico mundo mítico (26).
La ideas y prácticas chamánicas guardan muchos puntos de contacto con el estereotipo del brujo o hechicero. Mircea Eliade en su completo análisis del fenómeno del chamanismo, destaca que esta "especialidad mágica" está muy relacionada con las técnicas del éxtasis, dominio del fuego, y vuelos nocturnos -función decisiva en las consagraciones chamánicas-. Estas personas afirman sostener una especial relación con los espíritus de la naturaleza a los que dominan (27). La constante movilidad de estos pueblos nómades no hace descabellado pensar que pudieron haber tenido relaciones con Europa Occidental, en particular el chamanismo siberiano y de allí provenir parte del conjunto de ideas míticas del campesinado europeo. Carlo Ginzburg descubrió en la campaña italiana, la existencia entre los siglos XVI y XVII de un antiquísimo culto agrario con trasfondo chamánico, los benandanti, que en muchos de los procesos inquisitoriales aparecen confundidos con brujos (28).
La demonización de estas antiguas prácticas llevó a la intolerancia y a la persecución. La imagen del brujo satánico fue un importante mecanismo de control social y de dominio sobre el diferente. La manera más eficaz de imponer una cultura hegemónica y destruir de manera sistemática la cultura y saber populares. Esta enculturación fue parte de un largo proceso de cambio, que abarcó desde la destrucción económica del campesinado, de su forma de vida y cultura hasta la imposición de un nuevo sentido del tiempo y del trabajo propios del naciente capitalismo.
Se puede decir que el proceso de destrucción de la cultura popular arrancó desde la difusión del cristianismo en Europa, pero es en el siglo XVI, donde este ataque se da con mayor vigor. La separación entre cultura de elite y cultura popular es muy notable a partir de este siglo. Así, la centralización del Estado, los cambios económicos, la Reforma religiosa, la Contrarreforma, la imprenta, entre otros aspectos que marcaron este siglo, forma el marco en el cual insertar y tratar de comprender el complejo fenómeno de la caza de brujas.
Esta persecución termina prácticamente para mediados del siglo XVIII. En Inglaterra la última ejecución se registra en l684, en Estados Unidos en l692, en Francia en 1745 y en Alemania en 1775 (29). Fueron precisamente las altas autoridades teológicas, jurídicas y políticas que la habían iniciado, las que terminaron por eliminarla. El modelo preponderante de superstición va a pasar a ser el científico- racionalista. Uno de sus grandes exponentes, Voltaire (1674- l778), en sus Cartas Filosóficas razonaba: "Me parece que la naturaleza humana no tiene necesidad de lo verdadero para caer en lo falso... el primer hombre que se puso enfermo creyó sin esfuerzo en el primer charlatán. Nadie ha visto hombres – lobos, ni brujos y muchos han creído" (30). 
  La superstición va a volver a ser nuevamente producto de la ignorancia y así, la creencia en la bruja satánica y sus abominables hechos, que segara tantas vidas, pasará a ser solo un recuerdo.

NOTAS:

1) Bennasar, B: La inquisición española: Poder político y control social.Barcelona, Crítica, l98l, pp. 100, 117
2) Ejemplo de esto lo podemos hallar en dos relatos del Antiguo Testamento que describen el mismo hecho pero cuya fecha de producción está separada por siglos. Ambos detallan un censo realizado por el rey David – hecho considerado como un pecado para la mentalidad hebrea de su tiempo- En 2 Samuel 24:l leemos: "Se encendió la ira de Yavhé contra los israelitas e incitó a David contra ellos diciendo: Anda, haz el censo de Israel y Judá". Este pasaje es del siglo X a. C. y claramente muestra que la ira de Dios es la que impulsa al rey a cometer este pecado. La mentalidad religiosa del antiguo Israel lo refería todo a Dios como causa principal. Siglos después el escritor del libro de Las Crónicas (siglo IV a. C.) relata el mismo hecho pero con esta variante: "Alzóse Satanás contra Israel e incitó a David a hacer el censo al pueblo" (1 Crónicas 21:1) En seis siglos la figura de Satanás como opositor de Dios estaba claramente delineada en la teología hebrea.
3) Brujería y hechicería no son sinónimos, mientras que la primera designa a un fenómeno inventado por la teología tardo medieval, la segunda designa a ritos populares reales, tanto urbanos como campesinos. Estas dos realidades diferentes fueron confundidas en el período que analizamos por los jueces y teólogos que llevaban adelante la caza de brujas. En el presente trabajo vamos a usarlas de manera indistinta.
4) Campagne F. M.. Homo Catholicus. Homo Supertitiosus. El discurso antisupersticioso en la España de los siglos XV al XVII. Madrid- Buenos Aires, 2001
5) Cicerón: Sobre la Naturaleza de los dioses Libro II, capítulo 28, p. 147. Madrid. Ed. Sarpe, l984
6) 1 Timoteo 4:7, Biblia de Jerusalén.
7) San Agustín De Doctrina christiana II, 20,30. Madrid, l965 pp. 150,155
8) Canon Episcopi en Brujas e Inquisidores, Bs. As. OPFYL, 1994
9) Santo Tomás de Aquino Summa Theológica, 2-2 q 95, p.260
10) Huizinga, J : El otoño de la Edad Media, Barcelona, Altaya, 1998 p.346
11) El motivo del pacto en la leyenda medieval alcanza su punto culminante con la historia de Fausto, un mago que hace un pacto con el diablo para conseguir sabiduría y el amor de una mujer. Esta leyenda, que combinaba las tradiciones de la magia superior e inferior, fue muy popular a lo largo de los siglos. Como lo atestiguan obras como el Doctor Fausto de Marlowe de 1593 y el Fausto de Goethe del siglo XIX.
12) Ginzburg, C. Historia Nocturna. Un desciframiento del aquelarre,Barcelona, 199l p. 70
13) Fray Martín de Castañega: Tratado de supersticiones y hechicerías.Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, 1997 pp.69, 85
14) Bula Summis Desiderantes Affectibus, en Brujas e inquisidores, OPFYL, 1994 pp.8-10
15) Ginzburg, C: Historia... op.cit.70, 7l
16) Campagne F. El otro entre nosotros. Funcionalidad de la noción de superstitio en el modelo hegemónico cristiano B. Hi, T. 102, 2000, número 1, p.46
17) Cardenal Federico Borromeo: Sobre la peste en Milán OPFYL, 1998, pp.8,9
18) Las brujas según un inquisidor de Germania en Brujas e inquisidores. OPFYL, 1994, pp.11, 12
19) Tratado... op.cit. p. 3
20) La fuente de este comentario va a ser el análisis que realiza Silvia Mantini sobre este caso, extraído de los archivos de San Miniato, Florencia y Luca, publicados en La mujer del Renacimiento. Madrid, Alianza, l993
21) Heinrich Kraemer y Jacobus Sprenger: Malles Maleficarum, p. 82
22) Tratado... op. cit. pp.63-65
23) Tratado... op.cit. p.86
24) Este instrumento de tortura consistía en un caballete al cual el acusado era atado con cuerdas. El verdugo daba vueltas sucesivas, que estiraban a la víctima. El propósito de las torturas no era que el acusado perdiera la vida sino que confesara su crimen.
25) Bennassar,: La inquisición... op. cit. p.201
26) Romero, José Luis: La cultura Occidental Madrid, Alianza, 1994, p.95
27) Elíade, Mircea: El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis. México, F.C.E. 1996, p. 23, 24, 27
28) Ginzburg, Carlo : El queso y los gusanos. El cosmos según un molinero del siglo XVI, Barcelona, Paidós, l998, p. 21, 102
29) Russell, G. La historia de la brujería Barcelona, Paidón, 1998, p. 158
30) Voltaire: Cartas filosóficas Madrid, Altaya, 1996, p. 179.

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